La Heredera Que Él Echó A La Calle
Capítulo 3 - La amante del vestido azul
La prensa llegó antes de que terminara la tarde.
Nadie la llamó desde el equipo de Eduardo.
Alguien desde dentro de la mansión lo hizo.
Sebastián pensó que podía controlar la historia. Quería presentar a Olivia como una esposa inestable, una mujer embarazada usando a su padre para quedarse con bienes que no le pertenecían.
Pero olvidó algo importante.
La cámara no miente cuando la crueldad está en el suelo.
Los periodistas grabaron la maleta rota, la ropa tirada, el abrigo de Eduardo sobre los hombros de Olivia y a Camila todavía vestida como si acabara de salir de una fiesta.
En una hora, las imágenes estaban en todas partes.
Heredera embarazada expulsada por su esposo.
Escándalo Rivas-Lancaster.
La amante estaba en la puerta.
Sebastián intentó llamar a sus contactos, pero las respuestas fueron frías. Los bancos retrasaron reuniones. Socios cancelaron cenas. La junta de su empresa pidió explicaciones.
Camila, por su parte, dejó de sonreír.
En el salón principal, frente a Olivia, Eduardo y los abogados, por fin mostró su verdadero rostro.
"Yo no vine aquí para perderlo todo por una mujer que fingió ser humilde."
Olivia la miró.
"Yo no fingí nada. Tú viste sencillez y la confundiste con debilidad."
Camila apretó los dientes.
"Sebastián me dijo que estabas loca. Que inventabas el embarazo para retenerlo."
"Y tú le creíste porque te convenía."
Sebastián golpeó la mesa.
"Basta."
Eduardo se volvió hacia él.
"No. Apenas empezamos."
Clara colocó otra carpeta sobre la mesa.
"También encontramos movimientos financieros sospechosos."
Sebastián se puso rígido.
Olivia lo notó.
"¿Qué movimientos?"
Clara respondió:
"Durante los últimos seis meses, varias transferencias salieron de cuentas vinculadas a la empresa Rivas hacia una sociedad registrada a nombre de la señorita Camila Duarte."
Camila palideció.
Sebastián intentó levantarse.
"Eso es confidencial."
Eduardo sonrió sin humor.
"El fraude suele serlo."
Olivia sintió que el bebé se movía dentro de ella, un movimiento leve, casi como una respuesta.
Se tocó el vientre.
"¿Usaste dinero de la empresa para mantenerla?"
Sebastián no contestó.
Camila perdió el control.
"Me dijiste que ese dinero era tuyo."
La sala quedó helada.
Clara tomó nota.
Sebastián giró hacia ella.
"Cállate."
Pero Camila ya entendía que también había sido usada. Tal vez no era inocente, pero no iba a hundirse sola.
"Me prometiste que, cuando ella perdiera al bebé, podríamos casarnos sin problemas."
Olivia dejó de respirar.
Eduardo se volvió lentamente hacia Sebastián.
"¿Qué acabas de decir?"
Camila se tapó la boca, como si acabara de darse cuenta de la gravedad de sus palabras.
Sebastián se acercó a ella furioso.
"Eres una idiota."
Olivia sintió un frío recorrerle la espalda.
"Cuando perdiera al bebé?"
Nadie respondió.
La humillación de la maleta ya no era el centro.
Ahora había una amenaza mucho más oscura.
Clara cerró la carpeta.
"Señora Rivas, necesitamos llevarla al hospital. Ahora."
Eduardo miró a los guardaespaldas.
"Nadie entra ni sale de esta casa hasta que llegue la policía."
Sebastián gritó que no tenían derecho.
Pero por primera vez, nadie escuchó sus gritos.









