La Niña de las Rosas Conocía Su Secreto
CAPÍTULO 2 — Las cartas que nunca llegaron
Isabel se sujetó al borde de la cama.
"No puede ser. Mi hija murió."
Elena cerró los ojos.
"Eso fue lo que su madre quiso que creyera."
Treinta y cinco años antes, Isabel se había enamorado de Gabriel, un joven profesor de música sin dinero ni apellido importante. Cuando quedó embarazada, su madre, Matilde Rosales, la envió a una clínica privada fuera de la ciudad.
Después del parto, le dijeron que la bebé no había sobrevivido.
Isabel ni siquiera pudo verla.
Durante años llevó flores a una tumba sin nombre.
Pero Elena no había muerto.
Una enfermera llamada Teresa recibió dinero para sacarla de la clínica y entregarla a un matrimonio que deseaba una hija. Eran personas humildes y cariñosas. Nunca le ocultaron que era adoptada.
Cuando Elena cumplió dieciocho años, su madre adoptiva le entregó el anillo y una nota.
Tu verdadera madre se llama Isabel Rosales.
Elena escribió su primera carta aquella misma noche.
Después escribió otra.
Y otra.
Nunca recibió respuesta.
"Pensé que se avergonzaba de mí", confesó Elena.
Isabel sintió que algo se rompía dentro de ella.
"Jamás vi esas cartas."
Elena abrió una vieja caja de cartón. Dentro había copias de todas las cartas, fotografías de su graduación, de su boda y del nacimiento de Alba.
Isabel había perdido una vida entera.
Elena le explicó que su esposo había muerto en un accidente cuatro años atrás. Desde entonces, criaba sola a Alba y trabajaba en una lavandería. Una enfermedad cardíaca la había obligado a dejar el empleo meses antes.
Isabel quiso pagar inmediatamente el tratamiento.
Elena negó con la cabeza.
"No quiero su dinero. Quiero saber por qué nadie vino a buscarme."
Alba colocó una de las cartas sobre la cama.
El sobre había sido devuelto veinticinco años atrás. En una esquina aparecía una breve anotación:
No vuelva a contactar con mi esposa.
Isabel reconoció la letra.
No pertenecía a Matilde.
Pertenecía a Eduardo, el hombre con quien Isabel se había casado y al que había cuidado hasta su muerte.
Su respetado marido había conocido la verdad.
Isabel giró el sobre.
En la parte posterior había una frase escrita por Eduardo.
La niña comprometerá la herencia. Matilde se encargará de ella.
Elena observó cómo el rostro de Isabel perdía todo color.
Su marido y su madre habían trabajado juntos para mantenerlas separadas.
Pero había algo más dentro del sobre.
Un documento legal nombraba a Elena como beneficiaria de una propiedad familiar.
Elena no solo había sido escondida: le habían robado la herencia de su bisabuela.









