La Doncella Era Su Verdadera Esposa
CAPÍTULO 3 — La madre que eligió a la impostora
Victoria nunca aceptó a Rose.
La consideraba demasiado humilde para casarse con un heredero de la familia Vale. Criticaba su ropa, su educación y la forma en que criaba a Leo.
Pero Adrián siempre defendía a su esposa.
Después de que Rose comenzara a pedir límites, Victoria temió perder el control sobre su hijo y su nieto.
Celeste le ofreció una solución.
A cambio de ayudarla a ocupar el lugar de Rose, permitiría que Victoria continuara administrando la mansión, la fundación familiar y la vida de Adrián.
"Lo hice por esta familia", insistió Victoria.
"No", respondió Adrián. "Lo hiciste para gobernarla."
María, la antigua niñera de Leo, entró en el salón.
Victoria la había despedido dos años antes porque María también sospechaba de Celeste.
La mujer llevaba una caja llena de cartas.
Rose había enviado más de treinta.
Victoria las ocultó.
María también conservaba una grabación del día en que Celeste regresó.
En ella, Victoria le enseñaba a imitar la firma de Rose y le explicaba qué recuerdos debía fingir.
Los invitados escucharon en absoluto silencio.
Celeste intentó acercarse a Leo.
"Yo te cuidé durante tres años."
Leo se escondió detrás de Rose.
"Nunca me abrazaste cuando lloraba."
La frase destruyó la última parte de su mentira.
Adrián llamó a la policía.
Celeste fue detenida por suplantación de identidad, fraude, falsificación y participación en el accidente. Victoria fue acusada de conspiración, ocultamiento y uso indebido de los bienes de Rose.
La investigación reveló otra traición.
Celeste y Victoria habían retirado dinero del fideicomiso de Leo. Planeaban transferir la mansión y varias propiedades antes de que el niño cumpliera ocho años.
Por eso organizaron el baile.
Los documentos de venta esperaban la firma de Adrián aquella misma noche.
Adrián los rompió delante de todos.
Después se acercó a Rose.
"Lo siento."
Ella sostuvo a Leo.
"No puedes resumir tres años con dos palabras."
"Tienes razón."
"Viviste junto a mi hermana. Ignoraste a nuestro hijo. Y cuando intenté volver, tu familia me llamó loca."
Adrián bajó la cabeza.
No pidió perdón inmediato.
Rose necesitaba recuperar su nombre, su libertad y su relación con Leo antes de decidir si aún existía un lugar para su esposo.
La policía escoltó a Victoria hacia la salida.
Por primera vez, Adrián no corrió a protegerla.
Victoria se volvió.
"Soy tu madre."
Adrián respondió con calma.
"Y Rose es la madre de mi hijo. Tú intentaste borrar ambas cosas."
Aquella noche, Rose entró en la habitación de Leo.
Todo era diferente.
Los juguetes.
Los libros.
La altura del niño.
Leo sacó de debajo de la cama el viejo conejo azul.
"Lo escondí porque ella quería tirarlo."
Rose lo abrazó.
Leo apoyó la cabeza sobre su pecho.
"¿Te vas a ir otra vez?"
Rose comenzó a llorar.
"Nunca por voluntad propia."
Adrián observaba desde la puerta.
Leo extendió una mano hacia él.
Pero cuando Adrián intentó acercarse, Rose se tensó.
El niño miró a ambos.
"Mamá volvió, pero ahora tienes que demostrar que también eres mi papá."









