La Mesera Que Sabía Su Nombre
Capítulo 4 - Regina Santoro
Regina llegó a la clínica al amanecer.
Entró con abrigo negro, perlas en el cuello y una expresión de dolor perfectamente ensayada. Cuando vio a Alejandro en el pasillo, abrió los brazos como si todavía pudiera convertirlo en un niño asustado.
"Hijo mío, escuché lo ocurrido. ¿Dónde está Leo?"
Alejandro no se movió.
"Con seguridad."
Regina se detuvo.
"¿Qué significa eso?"
"Significa que no volverás a acercarte a él hasta que yo sepa la verdad."
La mirada de Regina cambió apenas.
"Estás alterado."
"Encontramos al técnico."
Regina guardó silencio.
"También encontramos los pagos."
Ella respiró hondo.
"¿Quién te está llenando la cabeza?"
La puerta de la habitación se abrió.
Sofía apareció apoyada en una enfermera. Tenía el rostro pálido, la espalda vendada y los ojos llenos de una fuerza que la pobreza, el miedo y seis años de búsqueda no habían logrado destruir.
Regina la miró.
Por primera vez, perdió el control.
"Tú."
Sofía dio un paso.
"Sí. Yo."
Alejandro observó a su madre.
"Entonces es verdad."
Regina intentó recomponerse.
"Esa mujer está enferma. Siempre lo estuvo. Por eso desapareció. Yo protegí a Leo."
Sofía rió con dolor.
"Me robó a mi hijo."
"Te salvé de arruinarlo."
"No. Salvó su fortuna."
Regina se volvió hacia Alejandro.
"Ella no entiende nuestra vida. Nunca la entendió. Era una muchacha sin apellido. Tu padre se encaprichó con ella, tú te enamoraste como un idiota, y de pronto una camarera podía convertirse en madre del heredero Santoro."
Alejandro sintió una náusea profunda.
"Era mi esposa."
"Era un error."
La puerta del pasillo se abrió de nuevo.
Entró el doctor Morales acompañado por dos policías.
El médico no pudo sostener la mirada de Sofía.
Había confesado.
Regina había pagado por cambiar informes médicos, falsificar el certificado de muerte de Sofía y mantenerla durante meses sedada en una clínica aislada. Después la soltaron sin documentos, convencidos de que una mujer pobre, herida y sin pruebas nunca podría recuperar a su hijo.
Pero Sofía sobrevivió.
Trabajó limpiando hoteles, cocinando en bares, durmiendo en pensiones. Buscó a Leo en colegios, hospitales, fundaciones y eventos familiares. Algunas veces estuvo a pocos metros de él.
Nunca logró tocarlo.
Hasta la noche de la lámpara.
Leo apareció al final del pasillo, escapando de la enfermera que debía cuidarlo. Corrió hacia Sofía y se quedó frente a ella.
"¿Tú eres mi mamá?"
Regina cerró los ojos, derrotada por una pregunta que ningún abogado podía silenciar.
Sofía se arrodilló con dificultad.
"No quiero asustarte", dijo, llorando. "Pero sí. Soy tu mamá."
Leo la miró largo rato.
Luego levantó la pequeña pulsera azul que Alejandro le había entregado.
"¿Tú hiciste esto?"
Sofía asintió.
Leo la abrazó.
Regina gritó su nombre, pero nadie la escuchó.
Porque por primera vez, el niño abrazaba a su madre verdadera.









