STORY

La Canción Del Incendio

Capítulo 2 - La hija que ardió sin morir

El coche de Victoria arrancó con un chillido.

El chofer, Martín, era viejo pero no lento. Cerró los seguros, giró bruscamente hacia la avenida y atravesó la cortina de lluvia mientras los guardaespaldas corrían detrás. La niña temblaba en el asiento trasero, abrazada al music box como si fuera lo único que podía mantenerla viva.

Victoria miró por la ventana.

La limusina negra los seguía.

Su esposo, Richard Lancaster, no debía estar allí.

Le había dicho que viajaría a Zurich esa misma tarde. Le había enviado incluso una foto desde un aeropuerto privado. Durante años, Richard había sido el hombre que la sostuvo después del incendio, el hombre que cuidó sus fundaciones, el hombre que le dijo que buscar a Emma solo destruiría lo poco que le quedaba.

Y ahora estaba persiguiendo a una niña que decía saber que Emma vivía.

"¿Cómo te llamas?", preguntó Victoria.

"Lía."

"¿Emma es tu madre?"

La niña asintió.

"Me dijo que si algo le pasaba, buscara a la señora del collar de perlas. Dijo que usted era mi abuela."

Victoria cerró los ojos.

Abuela.

La palabra le hizo daño y milagro al mismo tiempo.

"¿Cuántos años tienes?"

"Ocho."

Victoria tragó saliva.

Emma no solo estaba viva.

Emma había tenido una hija.

"Cuéntame todo."

Lía miró el parabrisas cubierto de lluvia.

"Vivíamos escondidas en una casa pequeña cerca del puerto. Mamá trabajaba cosiendo vestidos. Nunca hablaba de su familia. Solo decía que un día, cuando fuera seguro, me llevaría con mi abuela."

"¿Por qué estaba en el hospital?"

"Porque un hombre vino a casa. Mamá lo vio por la ventana y me escondió debajo del suelo. Le dijo que si la llevaba, yo no estaba allí."

Victoria sintió frío.

"¿Ese hombre era Richard?"

"No sé su nombre. Pero llevaba guantes negros."

Martín miró por el espejo.

"Señora, siguen detrás."

Victoria tomó su teléfono.

No llamó a la policía primero.

Llamó a su abogado personal, Clara Bennett, la única persona que nunca había confiado en Richard.

"Clara, escucha con atención. Creo que Emma está viva."

Del otro lado hubo silencio.

Luego una voz firme.

"¿Dónde estás?"

"En camino al Hospital St. Anne. Richard nos sigue."

"Entonces no vayas a la entrada principal. Usa urgencias del ala este. Voy para allá con seguridad privada y una orden judicial."

Victoria colgó.

Lía la miraba.

"¿Mi mamá va a morir?"

Victoria tomó la mano de la niña.

"No mientras yo pueda evitarlo."

La limusina negra se acercó demasiado. El coche de Victoria giró hacia una calle lateral. Un camión de reparto se interpuso entre ambos vehículos por unos segundos, el tiempo justo para que Martín entrara al estacionamiento subterráneo del hospital.

Victoria bajó con Lía en brazos.

Corrieron.

En recepción, una enfermera intentó detenerlas, pero Clara Bennett apareció desde el pasillo con dos hombres de seguridad.

"Victoria."

"Emma", dijo ella. "Encuéntrala."

Clara ya tenía la información.

"Una paciente ingresó hace dos horas con nombre falso. Habitación 407."

Victoria no esperó el ascensor.

Subió por las escaleras, con el corazón golpeándole las costillas.

Cuando abrió la puerta de la habitación 407, vio a una mujer pálida acostada en la cama, con oxígeno y una vía en el brazo.

El cabello era más oscuro.

El rostro más delgado.

Pero los ojos...

Victoria conocía esos ojos.

Emma abrió apenas los párpados.

Lía corrió hacia ella.

"Mamá."

Victoria se quedó en la puerta, incapaz de moverse.

Emma la miró.

Y lloró.

"Mamá...", susurró. "Me encontró."

Victoria cayó de rodillas junto a la cama.

Tomó la mano de su hija perdida.

"Mi niña..."

Emma intentó hablar, pero la tos la dobló de dolor.

Clara cerró la puerta detrás de ellas.

"No tenemos mucho tiempo", dijo. "Richard acaba de llegar al hospital."

Emma apretó débilmente la mano de su madre.

"Él fue quien provocó el incendio."

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