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La Niña Del Medallón Partido

Capítulo 3 - La hija borrada

Beatriz encontró a Andrés con el documento en la mano.

Durante un segundo, ninguno habló.

La mansión, con sus paredes claras, sus cuadros antiguos y sus lámparas doradas, pareció convertirse en una tumba.

"¿Quién era Elena?", preguntó Andrés.

Beatriz se apoyó en el marco de la puerta.

"No debiste abrir eso."

"¿Quién era?"

Su madre avanzó lentamente, pero Andrés no le entregó el papel.

"Era tu hermana."

La respuesta fue tranquila.

Demasiado tranquila.

Andrés sintió que algo se rompía dentro de él.

"¿Por qué me dijiste que fui hijo único?"

Beatriz respiró hondo.

"Porque Elena destruyó esta familia."

"¿Una niña?"

"No era una niña cuando se fue."

Beatriz le contó una historia que sonaba ensayada. Dijo que Elena era rebelde, ingrata, que se enamoró de Mateo Ríos, un hombre pobre sin futuro, y escapó con él. Dijo que rompió el corazón de su padre. Dijo que años después llegó una carta diciendo que Elena había muerto durante un parto complicado.

"¿Y nunca la buscaste?"

"Ella eligió irse."

Andrés levantó la partida de nacimiento de Clara que el investigador había encontrado.

"Entonces Clara es su hija."

Beatriz cerró los labios.

"Puede ser."

"Es tu nieta."

"Es una niña criada en la calle por un hombre que nos odiaba."

Andrés miró a su madre como si por fin viera debajo de su piel.

"No. Es una niña hambrienta sentada en las escaleras de una iglesia."

Beatriz endureció la expresión.

"Andrés, no entiendes lo que esa familia nos hizo."

"Yo entiendo que viste a tu nieta y la llamaste nadie."

Beatriz le dio una bofetada.

El golpe resonó en el despacho.

Ambos quedaron inmóviles.

Beatriz pareció arrepentirse de inmediato, pero no pidió perdón.

"Si traes a esa niña aquí, todo lo que construimos se derrumbará."

Andrés tocó lentamente su mejilla.

"¿Por qué?"

Beatriz no respondió.

Y esa falta de respuesta le dijo más que cualquier confesión.

Al día siguiente, Andrés encontró a Clara en la pensión del mercado viejo. Estaba en una habitación húmeda, sentada junto a una bolsa con la poca ropa que le quedaba. Al verlo, se asustó.

"No hice nada malo", dijo.

Andrés se arrodilló frente a ella.

"Lo sé."

Clara apretó su colgante.

"La señora elegante se enojó?"

"No contigo."

La niña bajó la mirada.

"Mi papá decía que, si algún día él no estaba, debía buscar a la mujer con la otra luna. Dijo que ella sabría quién era mi mamá."

Andrés sintió un nudo en la garganta.

"¿Y tú sabes dónde está tu mamá?"

Clara negó.

"Papá decía que mamá fue a buscar ayuda y nunca volvió."

Andrés se quedó helado.

"¿Cuándo?"

"Cuando yo era bebé."

Esa noche, Andrés llevó a Clara a un lugar seguro y volvió a investigar.

No buscó la muerte de Elena.

Buscó su desaparición.

Y encontró algo peor.

Elena no había muerto.

Había sido internada en una clínica privada bajo otro nombre durante seis años.

La factura estaba pagada por Beatriz Alarcón.

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