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El niño de la calle era su hijo

CAPÍTULO 2 — La tumba sin un bebé

Nueve años antes, Clara se había casado con Alejandro de la Vega contra la voluntad de Beatriz.

La matriarca consideraba a Clara demasiado común para formar parte de su familia. Sin embargo, fingió aceptarla cuando supo que esperaba gemelos.

La razón estaba escondida en el testamento del abuelo de Alejandro.

Cuando naciera el segundo heredero, la tutela de las acciones familiares pasaría a los padres de los niños. Beatriz perdería el control de la empresa que había gobernado durante décadas.

Clara dio a luz mientras Alejandro se encontraba en Europa cerrando una adquisición.

Después de una hemorragia, perdió el conocimiento.

Al despertar, Beatriz estaba junto a su cama.

—El segundo bebé no sobrevivió.

Clara pidió verlo, pero un médico aseguró que el cuerpo había sufrido complicaciones graves. Beatriz organizó un funeral privado con un diminuto ataúd sellado.

El medallón fue colocado supuestamente junto al niño.

Dos años después, Alejandro comenzó a sospechar. Descubrió que faltaban páginas en los archivos del hospital y que el número del certificado de defunción pertenecía a otra familia.

Murió antes de contarle todo a Clara.

La policía calificó su accidente automovilístico como una tragedia.

Rosa, una enfermera auxiliar, había recibido al segundo bebé aquella noche. Le dijeron que Clara había rechazado al niño enfermo y autorizado una adopción confidencial.

Rosa lo crio como propio.

Años después, al solicitar el pasaporte de Gabriel, descubrió que sus documentos eran falsos. Confrontó a Beatriz, pero esta amenazó con quitarle al niño y encarcelarla por secuestro.

Rosa guardó silencio mientras reunía pruebas.

Cuando murió, su hermano vendió su apartamento, se quedó con los ahorros y abandonó a Gabriel cerca de una estación de autobuses.

Clara llamó a la policía y a los servicios de protección infantil. Después llevó a ambos niños a casa.

Mateo permaneció callado durante el trayecto.

Finalmente preguntó:

—Si él es mi hermano, ¿significa que ya no me necesitas solo a mí?

Clara le tomó la mano.

—Significa que debí tener dos hijos a quienes amar.

Gabriel miraba por la ventana, sin confiar todavía en aquella mujer elegante.

Antes de llegar, señaló un automóvil negro que los seguía.

—Ese coche también estaba afuera de la casa de mamá Rosa.

Clara reconoció al conductor.

Trabajaba para Beatriz.

La mujer que había robado a Gabriel seguía vigilándolo, y ahora sabía que el niño había encontrado a su verdadera madre.

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