La Empleada De La Tienda Era Su Esposa Perdida
Capítulo 3 - La madre que eligió el apellido
La presencia de Beatriz llenó la tienda como una sombra antigua.
Elena sintió el mismo frío que había sentido cinco años atrás, cuando aquella mujer la miró desde los escalones de la mansión y la trató como una mancha en el nombre Montiel.
Alejandro se volvió hacia su madre.
“¿Qué hiciste?”
Beatriz se quitó los guantes con calma.
“Lo que debí hacer desde el principio.”
Camila bajó la cabeza.
Esa pequeña reacción bastó para confirmar su complicidad.
Alejandro dio un paso hacia Beatriz.
“Responde.”
Beatriz suspiró.
“Elena no pertenecía a nuestra familia. Tú estabas a punto de tomar el control de Montiel Group. Necesitabas una esposa preparada, visible, útil. No una costurera con sueños pequeños.”
Elena sintió la bofetada de esas palabras con más fuerza que la de Camila.
Alejandro habló con una frialdad peligrosa.
“Ella era mi esposa.”
“Era un obstáculo.”
Elena miró a Alejandro, esperando que él gritara. Que defendiera aquel pasado con la rabia que merecía.
Pero él estaba demasiado destruido para gritar.
“Los papeles”, dijo. “¿Fuiste tú?”
Beatriz no lo negó.
“Tu firma no era difícil de reproducir. Tu abogado obedecía a la familia antes de obedecerte.”
Alejandro palideció.
“¿Y las cartas?”
Elena se tensó.
“¿Qué cartas?”
Alejandro la miró.
“Te escribí durante meses.”
“No recibí nada.”
Beatriz se encogió de hombros.
“Porque las intercepté.”
El silencio fue brutal.
Elena sintió que sus rodillas flaqueaban.
Durante años había pensado que Alejandro no la había buscado. Que la había dejado llorar sola en habitaciones alquiladas. Que la había olvidado tan fácilmente como se quita un anillo.
Pero él sí había escrito.
Y ella nunca supo.
Camila se acercó a Beatriz.
“Ya basta. No tienen pruebas.”
Rosa, la encargada, levantó la mano.
“Tal vez sí.”
Todos la miraron.
Rosa caminó hasta el escritorio del fondo y sacó una caja de archivo.
“Elena trabaja aquí desde hace tres años. Nunca quiso hablar de su pasado. Pero el mes pasado, una mujer vino preguntando por ella. Dijo que tenía documentos antiguos de la familia Montiel.”
Beatriz se puso rígida.
“¿Quién?”
Rosa miró a Elena.
“Una antigua secretaria. Marta Salcedo.”
Alejandro recordó el nombre.
Marta había trabajado para su madre durante veinte años. Desapareció de la empresa poco después del divorcio de Elena.
Rosa abrió la caja.
Dentro había copias de cartas, transferencias, mensajes y un expediente médico.
Elena tomó el expediente.
Al leer la primera página, se quedó sin aire.
Alejandro la sostuvo antes de que cayera.
“Elena?”
Ella levantó los ojos, llena de horror.
“Yo estaba embarazada.”
Alejandro quedó inmóvil.
Beatriz cerró los ojos.
Y Camila, sin querer, miró hacia la puerta como si quisiera escapar.









