Siete balas revelaron a su hija perdida
CAPÍTULO 4 - Las dos madres de Lucía
La junta de la academia se reunió una semana después.
Beatriz afirmó que Lucía era una desconocida manipulada por Carmen.
"Esta joven apareció después de veinticinco años y ahora pretende convertirse en parte de nuestra familia."
Lucía colocó sobre la mesa una caja de madera.
Dentro estaban las cartas que Carmen había enviado a Gabriel durante años. Todas habían sido devueltas sin abrir.
La dirección de retorno pertenecía a una oficina controlada por Beatriz.
El general Rojas presentó los registros del hospital. Una enfermera retirada declaró que Ana había dado a luz a una niña sana.
Beatriz había ordenado preparar un certificado de defunción falso antes de que Gabriel regresara.
"¿Por qué?", preguntó Gabriel.
Beatriz dejó de fingir.
"Ana siempre estuvo entre nosotros. Incluso muerta, su hija habría sido lo más importante para ti."
"Era mi hija."
"Yo te di una vida estable."
"Me diste veinticinco años de duelo."
Beatriz también temía perder el control de la academia. El testamento del padre de Gabriel otorgaba la mitad de las acciones a su primer descendiente.
Con Lucía declarada muerta, Beatriz había administrado esos bienes durante años.
Gabriel terminó el matrimonio y entregó los documentos a las autoridades. Beatriz enfrentó cargos por fraude, falsificación y ocultación de identidad.
La junta ofreció a Lucía las acciones que legalmente le pertenecían.
Ella no las aceptó de inmediato.
"Primero quiero que el nombre de Carmen quede limpio."
Gabriel estuvo de acuerdo.
Carmen fue reconocida públicamente como la mujer que protegió a Lucía cuando todos los documentos afirmaban que nadie la quería.
Lucía decidió conservar ambos apellidos.
Sería Lucía Herrera Ortega.
Herrera por la mujer que la crió.
Ortega por el padre que nunca supo que debía buscarla.
Al salir de la reunión, Gabriel le mostró una habitación llena de fotografías de Ana.
"No tienes que elegir entre nosotros", le dijo. "Tienes derecho a amar a las dos madres que te dieron una vida."
Lucía tomó una fotografía de Ana y colocó junto a ella una de Carmen.
No había recuperado una familia reemplazando a su madre, sino ampliando el lugar donde ambas podían ser recordadas.









