La Niña Del Ataúd Blanco

Capítulo 1 - No la entierren
"¡Señor, no entierre a su hija! ¡No está muerta, está en coma!"
Los guardaespaldas reaccionaron de inmediato. Gabriel se volvió con furia. El dolor que llevaba dentro encontró un blanco y estalló.
"¡¿De qué tonterías estás hablando, niño?!"
Los hombres agarraron al chico por los hombros y lo tiraron al suelo. Era pequeño, tal vez de once años, con la ropa empapada y la cara llena de barro y lágrimas. Pero no dejó de luchar.
"¡Su esposa le dio una pastilla para dormir!"
El cementerio entero pareció quedarse sin aire.
Gabriel sintió que alguien le había clavado una mano helada en el pecho.
"¡Mi esposa jamás le haría daño!"
Pero al decirlo, miró hacia Patricia.
Ella estaba entre los dolientes, con un vestido negro y un collar de perlas. Sus ojos no parecían ofendidos.
Parecían aterrados.
El niño, todavía sujeto por los guardaespaldas, levantó la cabeza y gritó con todas sus fuerzas:
"¡Señor, míreme a los ojos! ¡La niña está viva!"
Gabriel miró al niño.
No vio mentira.
No vio maldad.
Vio desesperación.
Y luego volvió a mirar a Patricia.
La mujer que había compartido su casa, su mesa y su duelo dio un pequeño paso atrás.
Gabriel sintió que el mundo se partía.
"¡Detengan todo!", rugió.
Los hombres del ataúd se quedaron quietos.
Gabriel avanzó hacia ellos con el rostro desencajado.
"¡Abran el ataúd!"
Patricia soltó un gemido.
"Gabriel, no..."
Pero ya era tarde.
El padre puso las manos sobre la tapa blanca.
Y por primera vez desde que empezó el funeral, no sintió miedo de la muerte.
Sintió miedo de la verdad.









