La Niña Del Ataúd Blanco
Capítulo 3 - La pastilla
Elena fue llevada a una clínica privada bajo seguridad.
Los médicos trabajaron durante horas. Gabriel permaneció fuera de la sala, empapado, con las manos todavía manchadas de tierra del cementerio. Cada segundo se le clavaba en el pecho.
Lucas estaba sentado en una esquina, envuelto en una manta.
Nadie lo había enviado a casa.
Gabriel no lo permitió.
Cuando el doctor salió, su rostro era grave.
"Su hija está viva, señor Mendoza. Pero alguien le administró una dosis muy alta de un sedante poco común. Eso redujo su respiración y su pulso hasta hacerla parecer muerta."
Gabriel cerró los ojos.
La palabra "alguien" llenó el pasillo.
"¿Se recuperará?"
"Es pronto para decirlo. Pero si hubiera sido enterrada..."
El médico no terminó la frase.
No hacía falta.
Gabriel se volvió hacia Lucas.
"Ahora habla."
El niño apretó la manta.
"Yo estaba en la cocina la noche que Elena se enfermó. La señorita Elena bajó porque quería leche caliente. La señora Patricia estaba con un vaso en la mano. Le dijo que tenía una vitamina para ayudarla a dormir."
Gabriel sintió un golpe seco en el pecho.
"¿Por qué no dijiste nada antes?"
Lucas bajó la cabeza.
"Lo intenté. Le dije a mi mamá. Ella dijo que no nos creerían. Después escuché al doctor decir que la niña había muerto. Pero yo vi a Elena mover los dedos cuando la pusieron en la habitación."
"¿Quién era ese doctor?"
Lucas pensó.
"Dr. Rivas."
Gabriel conocía el nombre.
Era el médico personal de Patricia.
En ese momento, un guardia se acercó.
"Señor, la señora Patricia está exigiendo entrar."
Gabriel no respondió de inmediato.
Luego dijo:
"Que espere."
Sacó su teléfono y llamó a su abogado.
"Necesito una orden para revisar todas las cámaras de la casa. Y quiero a la policía aquí."
Horas después, la verdad comenzó a aparecer.
Las cámaras del pasillo habían sido apagadas durante veintisiete minutos la noche de la supuesta muerte. El Dr. Rivas había firmado el certificado sin pedir una segunda revisión. Patricia había insistido en un entierro rápido, sin autopsia, diciendo que no quería prolongar el sufrimiento.
Cada detalle que antes parecía dolor ahora parecía calculado.
A medianoche, Elena abrió los ojos.
Gabriel corrió a su lado.
Su hija lo miró confundida, con los labios secos.
"Papá..."
Él se quebró.
"Estoy aquí, mi amor. Estoy aquí."
Elena intentó hablar. Gabriel le pidió que no se esforzara, pero ella apretó débilmente su mano.
"Mamá dijo..."
Gabriel se inclinó.
"¿Qué dijo?"
La niña cerró los ojos con miedo.
"Que si yo no dormía para siempre, tú ibas a descubrir lo de Sofía."
Gabriel se quedó helado.
"Sofía?"
Detrás de él, Lucas levantó la cabeza.
"Señor..."
Gabriel se volvió.
El niño parecía más asustado que antes.
"Mi mamá se llama Sofía."









