STORY

La Niña Del Ataúd Blanco

Capítulo 2 - El primer aliento

Los hombres dudaron.

Nadie quería abrir un ataúd en medio de un funeral.

Nadie quería confirmar la locura de un niño cubierto de barro.

Pero Gabriel no era un hombre al que se desobedeciera dos veces.

"¡Ahora!"

Uno de los empleados sacó una herramienta. Otro retiró las flores blancas que cubrían la tapa. El sonido de los seguros metálicos abriéndose se mezcló con la lluvia y con el llanto nervioso de los invitados.

Patricia empezó a temblar.

"No hagas esto", susurró. "Por favor, déjala descansar."

Gabriel no la miró.

El ataúd se abrió.

Dentro, Elena parecía una muñeca dormida. Su vestido blanco estaba perfectamente acomodado, sus manos cruzadas sobre el pecho, su rostro pálido bajo una cinta de encaje.

Durante un segundo, nadie respiró.

El niño se zafó de uno de los guardaespaldas y gateó hasta el ataúd.

"Acérquese", dijo con voz ronca. "Ponga la mano aquí."

Gabriel lo miró.

"¿Quién eres?"

"Lucas", respondió. "Trabajo en la cocina de su casa. Mi mamá limpia allí."

Gabriel recordó vagamente a una mujer silenciosa de rostro cansado. Nunca había mirado de verdad a su hijo.

Lucas señaló el pecho de Elena.

"Escuché cuando la señora Patricia le dijo al doctor que nadie debía revisar otra vez."

Un murmullo recorrió el cementerio.

Patricia dio media vuelta como si quisiera irse, pero uno de los guardaespaldas se movió instintivamente y bloqueó su camino.

Gabriel se inclinó sobre su hija.

Colocó dos dedos cerca de su cuello.

Nada.

Su corazón se hundió.

Pero Lucas negó desesperado.

"No ahí. Su respiración está muy baja. Mi madre estuvo así una vez cuando le dieron medicina equivocada."

Gabriel acercó la mejilla a la boca de Elena.

Esperó.

Una gota de lluvia cayó desde su barba sobre el vestido blanco.

Entonces lo sintió.

Tan leve que pudo haber sido imaginación.

Un soplo.

Un aire diminuto.

Gabriel se quedó paralizado.

"Elena..."

Lucas lloró.

"¡Está viva!"

Gabriel levantó a su hija del ataúd con una fuerza que parecía imposible. Su cuerpo era frío, blando, casi sin peso. Pero cuando él la apretó contra su pecho, sintió otro aliento.

"¡Llamen una ambulancia!", gritó.

El cementerio se convirtió en caos.

Invitados corrieron. Alguien llamó emergencias. Patricia intentó acercarse, llorando con una actuación demasiado perfecta.

"Gabriel, yo no sabía..."

Él se volvió hacia ella con los ojos encendidos.

"No te acerques a mi hija."

Patricia se detuvo.

Por primera vez, su máscara se quebró.

La ambulancia llegó entre sirenas y luces rojas. Los paramédicos pusieron a Elena en una camilla y comenzaron a trabajar sobre ella allí mismo, bajo la lluvia.

Uno de ellos levantó la vista.

"Tiene pulso. Débil, pero tiene pulso."

Gabriel sintió que las piernas le fallaban.

Lucas se quedó a un lado, temblando de frío.

Gabriel lo miró.

"¿Qué viste exactamente?"

Lucas abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera hablar, Patricia gritó:

"¡Ese niño miente! ¡Quiere dinero!"

Lucas retrocedió.

Gabriel entendió entonces que la verdadera batalla no era salvar a Elena.

Era descubrir por qué alguien había querido enterrarla viva.

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