La Niña Que Sintió La Mano De Su Padre En El Ataúd

Capítulo 1 - La mano que no estaba muerta
Lucía, de siete años, se subió al borde del ataúd antes de que su madre pudiera detenerla. Se inclinó sobre él y abrazó su pecho con fuerza.
“¡Mi niña, no!”, gritó Elena, acercándose.
Lucía hundió el rostro contra la chaqueta de su padre.
“Solo un abrazo más, mami.”
Elena sintió que algo dentro de ella se rompía.
Se inclinó y le acarició la espalda.
“Tenemos que dejarlo ir.”
Lucía negó con la cabeza.
Luego buscó la mano de Gabriel y puso la suya encima.
Durante un segundo, no pasó nada.
Entonces el dedo índice de Gabriel se movió.
Muy poco.
Pero se movió.
Elena se quedó inmóvil.
“Espera…”
Lucía también lo sintió.
La mano de Gabriel volvió a moverse.
Esta vez varios dedos se cerraron lentamente alrededor de la pequeña mano de su hija.
Elena abrió la boca, incapaz de respirar.
“¡Llamen a una ambulancia!”
La iglesia explotó en gritos.
Y mientras todos corrían, Lucía no soltó la mano de su padre.
Porque el hombre dentro del ataúd acababa de demostrar que todavía estaba allí.









