La Niña Que Sintió La Mano De Su Padre En El Ataúd
Capítulo 5 - El último abrazo que no fue el último
Marcos fue acusado de intento de asesinato, fraude, conspiración y robo.
El doctor Salazar fue detenido dos días después.
Cuando registraron su clínica, encontraron sedantes, historiales falsificados y pagos procedentes de las empresas de Marcos.
El certificado de defunción de Gabriel fue anulado.
La noticia se volvió nacional.
El hombre que despertó durante su funeral.
La niña que descubrió que su padre seguía vivo.
Pero para Lucía, nada de eso importaba.
Solo quería que su padre regresara a casa.
Gabriel tardó meses en recuperarse.
Al principio caminaba con dificultad.
Después necesitó fisioterapia.
Lucía lo acompañaba siempre que podía.
Una tarde, mientras Gabriel descansaba en el sofá, ella se sentó junto a él y tomó su mano.
“¿Te acuerdas del funeral?”
Gabriel sonrió débilmente.
“Recuerdo tu voz.”
“Pensé que te ibas.”
“Yo también.”
Lucía apretó sus dedos.
“Entonces no te vayas nunca.”
Gabriel miró a Elena.
Ambos sabían que nadie podía prometer algo así.
Pero él respondió:
“Voy a quedarme todo el tiempo que pueda.”
Un año después, regresaron a la misma iglesia.
No para un funeral.
Para una ceremonia sencilla de agradecimiento a las personas que habían ayudado a salvarlo.
Las flores blancas estaban otra vez junto al altar.
Lucía las miró y luego tomó la mano de su padre.
“Esta vez no hay ataúd.”
Gabriel rió.
“No.”
“Mucho mejor.”
Elena los observó desde unos pasos atrás.
Durante meses había tenido pesadillas con aquella mañana.
Pero poco a poco, el recuerdo cambió.
Ya no veía un ataúd.
Veía una mano moviéndose.
Un dedo buscando la mano de su hija.
Una vida negándose a terminar.
Antes de salir de la iglesia, Lucía abrazó a Gabriel.
Él la rodeó con ambos brazos.
“Solo un abrazo más”, dijo ella.
Gabriel cerró los ojos.
Esta vez sonrió.
“Todos los que quieras.”









